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Era 31 de enero del 2008 cuando llegaba a su fin la huelga mantenida durante 46 días por 300 mineros de ‘Budryk’, en Ornontowice, cerca de la ciudad de Katowice, con una victoria histórica.
Los mineros comenzaron la huelga el 17 de diciembre, tras el fracaso de las negociaciones con la dirección de la mina – las demandas de los trabajadores habían sido ignoradas continuamente, incluso tras la realización de varios referendum-. La huelga fue impulsada desde el sindicato libre ‘Agosto del 80’ (Wolny Związek Zawodowy “Sierpień 80”) y el sindicato Kadra.
No era solo la mayor huelga de mineros en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Era la primera que resultaba en una gran campaña de solidaridad internacional con la clase trabajadora polaca – incluso con apoyo económico de distintos sectores combativos en el continente.
La causa principal de la huelga fueron las condiciones propuestas para la integración de ‘Budryk’ en la Compañía Minera del Carbón ‘Jastrzębie’ (JSW). ‘Budryk’ era una de las minas polacas con mayor productividad. Un minero medio producía 1400 toneladas de carbón al año, mientras que la producción normal en Polonia rondaba las 700 toneladas. Los beneficios de la mina en los primeros 9 meses de 2007 ascendían a un total de 12.5 millones de euros, por lo que la incorporación de ‘Budryk’ a la compañía JSW garantizaba un aumento considerable de los beneficios de ésta.
Pese a todo, los mineros de ‘Budryk’ contaban con el salario más bajo de toda la industria minera polaca y las condiciones propuestas para la integración de la mina en JSW empeoraba, incluso, su situación. En términos salariales, debían cobrar 700 zlotys menos (180 euros, el salario medio polaco ronda los 800 euros, con lo que dicho condicionante supone cobrar casi un 20% menos que otras minas de la misma compañía. NdT) que otros mineros de otras minas de JSW – término ilegal incluso para la ley polaca, que garantiza una paga igual por el mismo trabajo ejercido para la misma empresa-.
De ninguna manera.
El 13 de diciembre, 4 días antes del inicio oficial de la huelga, Ryszard Zieliński y Ryszard Stachewicz comenzaron una huelga de hambre. Dicha acción supuso un gran impulso para que el resto de los 300 compañeros ocuparan la mina, pasando dentro más de un mes, incluidas las fiestas navideñas y el fin de año. La solidaridad llegó desde todas partes del país, impulsada principalmente por las familias de los trabajadores.
Finalmente, llegó el apoyo a nivel internacional. Aún hoy, dos años después, se sigue considerando la mayor muestra de apoyo internacional a la clase obrera polaca desde la revolución antiburocrática de Solidaridad y el colapso de la dictadura en 1989. Olivier Besancenot, portavoz de la Liga Comunista Revolucionaria en Francia, hoy el Nuevo Partido Anticapitalista, el famoso autor italiano Dario Fo, el reconocido director de cine Ken Loach y muchos otros se solidarizaron con los mineros de ‘Budryk’. Noticias y artículos sobre ‘Budryk’ aparecieron en numerosas webs internacionales, como International Viewpoint. El líder de la protesta, Krzysztof Łabądź, escribió en dicha web, en busca de apoyos internacionales: ‘Si hoy no ganamos esta batalla, mañana podríais perder vosotros’.
Pese a ello, también vivimos experiencias de vergonzosa traición. Solidaridad, el sindicato identificado anteriormente con la ‘revolución’ polaca, así como el Sindicato de Mineros, hicieron un gran esfuerzo para organizar a los esquiroles. Incluso militantes de la sección polaca de ATTAC mostraron su verdadera cara de ‘alterglobalistas’. Marek Szolc, uno de los activistas de ‘Solidaridad’ cercanos a la dirección de ATTAC-Polonia, escribió lo siguiente (en una línea similar a la propaganda oficial en los tiempos de la ley marcial, impuesta por la junta burocrática para aplastar el movimiento alrededor de ‘Solidaridad’): ‘Creo que no podemos esperar que los organizadores vayan a finalizar la huelga por sí mismos, así que, ¿qué podemos hacer para terminar con esta situación tan desesperanzadora?. Pienso que la única solución ‘sensible’ en el punto muerto en el que nos encontramos es eliminar a los organizadores que agitan dentro del grupo de trabajadores. Obviamente, se necesita la intervención del Estado. Tenemos que lidiar con esta huelga ilegal, que se está extendiendo demasiado en el tiempo, por lo que los ‘servicios de intervención’ deberían tomar las medidas necesarias para permitir que la gente tenga un acceso normal a la mina’.
Sin embargo, estas no fueron las únicas ‘fuerzas subversivas’. Jarosław Zagórowski, director de JSW llegó incluso a contratar un equipo de relaciones públicas para difamar y calumniar en los medios a aquellos trabajadores que participaban en la huelga. La compañía envió fuerzas de seguridad privadas que se unieron a los esquiroles organizados por Solidaridad y el Sindicato de Mineros para atacar a los trabajadores que se encontraban en la mina. Pero los mineros de ‘Budryk’ resistieron el ataque. Y siguieron con la huelga.
La huelga de ‘Budryk’ se recuerda por ‘lo militante’ de la misma. Quizás habrán oído hablar de la práctica, cada vez más común, de secuestrar a los jefes en el lugar de trabajo durante una huelga. Dicha dinámica también tuvo lugar en ‘Budryk’: los trabajadores ‘arrestaron’ a Zagórowski durante varias horas, exactamente en el lugar donde trabajan, a varias decenas de metros bajo tierra.
En ‘Budryk’ se luchó por motivos económicos, como la igualdad de salarios para todos los trabajadores de JSW, la equiparación de los bonus de productividad y cuestiones relativas a dietas. Pero como dijo la revolucionaria polaca, Rosa Luxemburgo, lo económico siempre es político: contrariamente a las élites oficiales, el 69% de la sociedad polaca apoyó la huelga. Lo ‘económico’ significaba ‘político’ para el primer ministro, Waldemar Pawlak, que se pronunció claramente en contra de los mineros, sin importarle que las mujeres de estos fueran hasta Varsovia para solicitarle una audiencia. También significó ‘político’ para los 13 sindicalistas despedidos tras la huelga ( Łabądź fue vuelto a contratar en Junio de 2008, solo cuando la inspección laboral declaró su despido como ilegal). Él y doce personas más se enfrentaron a un juicio por liderar una ‘huelga ilegal’. Pese a todo, valió la pena.
La mayoría de los trabajadores que tomaron parte sigue viendo los impactos positivos de la huelga hasta el día de hoy. Sus salarios se incrementaron en un 10% (menos de lo solicitado), se les igualó la paga con el resto de los trabajadores, consiguieron que el manager de la mina, Piotr Bojarski, no volviera más a ésta y por último, pero no menos importante: que aquellos compañeros que trabajaban con contratos temporales fueran hechos fijos.
Las protestas obreras en Polonia son todavía más raras y aisladas que en el resto del continente Europeo. Sin embargo, la huelga de ‘Budryk’ sirve de ejemplo a muchos de que la clase trabajadora polaca sigue teniendo fuerzas para luchar por sus derechos.
La lucha continúa.
Traducción al castellano de Daniel Alcalde Güelfo
Publicado en corriente[a]lterna (http://www.anticapitalistas.org)
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